Una ola de denuncias sin precedentes en el periodismo colombiano
En solo ocho días, la iniciativa #YoTeCreoColega recibió más de 200 correos con denuncias de presunto acoso sexual en el ámbito laboral dirigidas a periodistas en Colombia. El volumen de testimonios sorprendió incluso a las impulsoras de la campaña, que explicaron a BBC News Mundo que el objetivo era abrir un espacio seguro para que las víctimas pudieran contar experiencias que durante años habían permanecido en silencio.
La mayoría de los mensajes provino de mujeres que decidieron revelar su identidad, así como la de sus supuestos agresores y el medio en el que habrían ocurrido los hechos. También llegaron denuncias anónimas de hombres, acompañadas en algunos casos de material adicional que, según la iniciativa, podría ayudar a corroborar relatos sobre sucesos ocurridos entre 1993 y 2025. La amplitud temporal de las acusaciones muestra que no se trata de un episodio aislado, sino de un problema arrastrado por décadas dentro de la industria mediática.
Cómo nació #YoTeCreoColega
La campaña surgió como una respuesta a relatos previos de mujeres periodistas que comenzaron a hablar públicamente sobre situaciones de abuso, presión y hostigamiento sexual en sus trabajos. Su propuesta fue simple pero potente: habilitar un canal de contacto para que reporteras y otros trabajadores de prensa pudieran denunciar sin exponerse inmediatamente a represalias.
En poco tiempo, la iniciativa se convirtió en un termómetro del alcance real del problema. Lo que empezó como un esfuerzo de visibilización terminó destapando un patrón de conductas presuntamente repetidas en redacciones, coberturas, grabaciones en exteriores y entornos editoriales donde existe una fuerte asimetría de poder entre jefes, colegas con rango y personal más joven o temporal. Para las impulsoras, el volumen de denuncias confirmó que el silencio no era falta de casos, sino falta de canales confiables para reportarlos.
La respuesta de la Fiscalía y de los medios
La presión pública generada por la campaña tuvo efecto inmediato. Tres días después de multiplicarse las denuncias, la Fiscalía General anunció la apertura de un canal oficial para recibir acusaciones y el inicio de una investigación sobre periodistas y directivos señalados por presunto acoso sexual. La decisión fue interpretada como una señal de que el tema había alcanzado una dimensión institucional que ya no podía ser ignorada.
Al mismo tiempo, algunos medios de comunicación reaccionaron con medidas internas. Dos días después de finalizar sus contratos, el 26 de marzo, Gonzalo Córdoba, presidente de Caracol, comunicó que la empresa había decidido impulsar una investigación independiente a cargo de una comisión externa encabezada por Catalina Botero Marino, reconocida por su trayectoria en derechos humanos. Ese paso sugiere que el impacto del caso no solo alcanzó a las víctimas y denunciantes, sino también a las direcciones editoriales de grandes grupos mediáticos.
Un problema estructural en las redacciones
El caso expone una realidad incómoda: el periodismo, que suele exigir transparencia y rendición de cuentas a otros sectores, también arrastra sus propias zonas grises. La existencia de denuncias contra periodistas y directivos en distintos medios evidencia que las dinámicas de poder dentro de las redacciones pueden favorecer abusos, intimidación y mecanismos informales de protección para los señalados.
La importancia del movimiento #YoTeCreoColega radica, precisamente, en romper esa lógica. Al reunir testimonios dispersos y construir un archivo de denuncias, la campaña obligó al sector a mirarse a sí mismo y a reconocer que la violencia sexual en entornos laborales no es una excepción aislada, sino un problema que puede atravesar todo el ecosistema informativo. Además, abrió la discusión sobre la necesidad de protocolos claros, rutas de denuncia seguras y mecanismos de investigación realmente independientes.
Qué puede pasar ahora
La apertura del canal de la Fiscalía y la investigación independiente en medios como Caracol son apenas los primeros pasos de un proceso más largo. El reto será transformar el impacto mediático en medidas concretas: sanciones cuando corresponda, protección para las víctimas y cambios estructurales dentro de las organizaciones periodísticas. Sin esos resultados, la ola de denuncias corre el riesgo de quedarse en un estallido momentáneo sin consecuencias duraderas.
Lo que ya dejó claro la campaña es que muchas periodistas colombianas han decidido hablar y que la industria no podrá volver a la normalidad sin responder a esas voces. El periodismo, que investiga a todos los demás, también tendrá que aprender a investigarse a sí mismo.
Fuente: BBC News Mundo

