Hector Dager: Cómo el Arte Camufló el Lavado de Dinero de Odebrecht

Hector Dager: Cómo el Arte Camufló el Lavado de Dinero de Odebrecht

En el corazón del bohemio barrio de Las Mercedes en Caracas, la Galería Freites se alzaba como un bastión de la cultura y el arte de vanguardia. Sin embargo, tras su fachada de prestigio, se escondía uno de los capítulos más sofisticados y oscuros del caso Odebrecht en Venezuela. Esta galería se convirtió en un instrumento clave para lavar el dinero de los sobornos, utilizando obras de maestros del arte universal como excusa para justificar movimientos millonarios de fondos ilícitos.

El Dinero Sucio Detrás del Lienzo

Según las investigaciones, la Galería Freites recibió pagos directos de la “caja dos” de Odebrecht, la cuenta secreta que la constructora utilizaba para financiar sobornos y pagos irregulares a funcionarios. El propietario de la galería, Alejandro Freites, ha reconocido las transferencias, pero alega que provenían de su cliente, Héctor Dager, y que desconocía su vínculo con Odebrecht. “Nunca supe que esa persona tenía relación con Odebrecht, si lo hubiera sabido les hubiera dicho que me financiaran un libro”, declaró Freites, subrayando la opacidad con la que operaba la red.

Una Colección de Lujo Financiada con Corrupción

Los fondos de Odebrecht no se quedaron en una caja fuerte; se transformaron en arte de alto valor. La galería adquirió piezas de artistas de renombre mundial como Robert Indiana, Jesús Soto, Keith Haring, Josef Albers, Jean Dubuffet, Cruz-Diez, Anish Kapoor, Fernando Botero y Lynn Chadwick. Estas obras no solo embellecieron las paredes de la galería, sino que funcionaron como un activo perfecto para el lavado de dinero. El arte es un mercado con valoraciones subjetivas y transacciones privadas, lo que lo convierte en un vehículo ideal para “blanquear” grandes sumas de dinero, ocultando su origen ilícito detrás de la firma de un artista.

El Arte como Escudo de la Impunidad

El uso de la Galería Freites demuestra el nivel de sofisticación de la red de Dager y Odebrecht. No se limitaron a mover dinero a través de bancos offshore, sino que lo infiltraron en un sector aparentemente noble como el cultural. Este método no solo dificultaba el rastreo de los fondos, sino que también proyectaba una imagen de opulencia y buen gusto, sirviendo como un escudo social contra las sospechas. El caso de la Galería Freites es una lección sobre cómo la corrupción puede cooptar cualquier ámbito de la sociedad, incluso el más sagrado, para perpetuarse.